Vietnam considera la adquisición de aviones de combate Rafale y Su-57
A
medida que China amplía sus operaciones con los aviones J-20 y J-16 en
aguas en disputa, la decisión de Vietnam entre el Rafale francés y el
Su-57 ruso podría redefinir la disuasión regional, la superioridad aérea
y la alineación estratégica del Indo-Pacífico.
El
programa de renovación acelerada de aviones de combate de Vietnam ha
evolucionado de una decisión de adquisición a una señal geopolítica
estratégica que podría reconfigurar la dinámica de la disuasión militar
en el Mar de China Meridional y la arquitectura de seguridad más amplia
del Indo-Pacífico.
A
medida que China amplía el alcance operativo de plataformas avanzadas
como el caza polivalente J-16 y el avión furtivo de quinta generación
J-20, Hanói se enfrenta a un plazo cada vez más ajustado para mantener
una capacidad de disuasión aérea creíble y conservar el control soberano
del espacio aéreo sobre las rutas marítimas cada vez más disputadas.
La
retirada de los envejecidos aviones de combate soviéticos y rusos de
Vietnam, en particular el caza Su-22 y la plataforma de superioridad
aérea Su-27, ha transformado la modernización de la fuerza aérea,
pasando de ser una aspiración a largo plazo a una necesidad urgente de
seguridad nacional con consecuencias estratégicas regionales.
Avión de combate Rafale (foto: Parapolitika)
Los informes que sugieren que los pilotos vietnamitas han tenido una oportunidad excepcional para realizar vuelos de prueba con el avión Dassault Rafale
indican claramente que las conversaciones con Francia han entrado en
una fase técnica y operativa seria, y no solo en el nivel de un
acercamiento diplomático exploratorio.
Al
mismo tiempo, el continuo interés en el caza ruso Su-57 de quinta
generación sugiere que Hanói no busca un simple cambio de proveedor,
sino una estrategia de despliegue de fuerzas estratificada que equilibre
la capacidad de combate, la autonomía estratégica, la continuidad
logística y la protección geopolítica.
Con
un presupuesto de defensa estimado entre 6.000 y 10.000 millones de
dólares estadounidenses anuales —equivalente a entre 22.800 y 38.000
millones de ringgits malayos—, la próxima adquisición de aviones de
combate por parte de Vietnam no solo tendrá un impacto en la estructura
de sus fuerzas armadas, sino también en su diplomacia de defensa y en
las señales de alianzas a largo plazo.
Ya
sea que Hanoi elija el Rafale francés, el Su-57 ruso o una arquitectura
de flota híbrida que combine ambos, la decisión determinará cómo se
posiciona militarmente Vietnam entre la interoperabilidad occidental y
su arraigada dependencia de la defensa rusa durante las próximas dos
décadas.


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